¡No tengas miedo!

miedo

Esta es una frase que frecuentemente escuchamos cuando nos quieren motivar. Sin embargo, si pensamos un poco sobre cuántas veces hemos dejado de hacer algo por miedo quizá la lista sea un poco más grande de lo que nos gustaría aceptar. Pero ¿por qué sentimos miedo?

Como se ha documentado de manera amplia, el miedo es una reacción natural de supervivencia de todos los animales, incluidos los humanos; una emoción primaria que ha ayudado a preservar la humanidad. Desde que nacemos contamos con ese mecanismo de alarma que nos hace saber que estamos frente a un peligro inminente.

Si bien en la época de las cavernas nos salvó de extinguirnos entre otros múltiples peligros, sin duda, hoy en día también nos es muy útil.

Imagina que estás de campamento. Te preparas para ir a dormir y justo cuando vas a entrar a la tienda de campaña alcanzas a ver una serpiente. De inmediato, tu cerebro emite una alarma que cimbra todo tu cuerpo: se incrementa el metabolismo celular, aumenta la presión arterial, la glucosa en sangre y la actividad cerebral. Toda función no esencial se detiene. Es decir, el cuerpo hace lo necesario para que entres en estado de alerta y reacciones con la mayor rapidez posible.

Entonces entra la fase dos. ¿Cómo vas a reaccionar? En lo que tu cerebro está midiendo todas las posibles opciones, automáticamente la sangre fluye a los músculos de las extremidades: a las piernas en caso de que tengas que salir corriendo, huir; y a los brazos, por si tuvieras que atacar a la serpiente para sobrevivir. Todo al mismo tiempo que el corazón bombea sangre a gran velocidad irrigando adrenalina a todo tu ser para darte la fuerza de realizar cualquiera de estas opciones. También tu rostro se transforma para ayudarte a salir con vida: agrandamiento de los ojos para mejorar la visión, dilatación de las pupilas para facilitar la admisión de luz y los labios se estiran horizontalmente para dejar pasar más aire.

Tu mente está a mil, en fracciones de segundos piensas ¿estará la clínica de salud muy lejos? ¿Cuánto tiempo tendría de vida si me muerde? ¿Con qué la mato? ¿Y si nada más la hago enojar? Finalmente ves una piedra a la mano y sin más, la avientas en dirección a la terrible serpiente. Es entonces cuando te das cuenta que esa serpiente era un inofensivo pedazo de cuerda que dejaste olvidado por la tarde.

Si la serpiente hubiera sido real, sin duda, nuestro miedo nos está prestando un servicio y podemos estar agradecidos de que exista. Sin embrago, como en el ejemplo, no siempre nuestros temores están fundados.

El miedo es definido según la RAE como perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario.

Esta perturbación angustiosa también es parte de nuestra sociedad. Podemos experimentar miedo por asuntos que nada tienen que ver con la supervivencia de la especie. Desde la forma misma de transmitir aprendizaje; a través de un sistema de premios y castigo se va filtrando un poco (a veces mucho) de temor, mismo que puede llegar a determinar nuestras acciones, ya sea para evitar un castigo o prevenir reacciones de rechazo. Quizá por ello, otra acepción de miedo es: recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.

Este tipo de miedo tiene más que ver con aquello que amenaza la imagen que tenemos de nosotros mismos: cómo nos gustaría ser, cómo nos gustaría que nos vieran, qué sí queremos y estamos dispuestos a aceptar o qué no queremos y nos saca de nuestra zona de confort.

Hoy en día son muy comunes los temores que pueden llegar a limitar nuestra vida social y laboral, por ejemplo: miedo al ridículo, al qué dirán, a no ser aceptado, etc.

Estos son los miedos que pueden frenar nuestra proactividad y que, en definitiva, están lejos de hacernos un servicio. Pero son igualmente desafiantes…

Imagina un nuevo escenario: estás en tu trabajo y te enteras que tu jefe está dispuesto a que seas el líder de un nuevo proyecto, sólo tienes que ir a su oficina a solicitarlo. Te alegras y vas rumbo a su oficina. De pronto, en un segundo te asalta el temor de que no puedas hacerlo bien y pierdas la oportunidad, estatus frente a tu jefe o, peor aún, el trabajo mismo.

Tu cuerpo despierta todas las alarmas, el corazón se acelera, la mente está a mil por hora. Estás enfrente de la puerta de su oficina, pero tu cuerpo responde como si estuvieras frente a la serpiente: se prepara para huir o atacar. En el mundo intelectual, huir sería el equivalente a decir algo como “me gustaría, pero no tengo tiempo” y atacar podría ser similar a decir “que se busquen a otro, no voy a trabajar más por el mismo sueldo” En cualquier caso decides no tocar a la puerta y el resultado es: ninguno. No existe ningún cambio. Es una lástima que por miedo pierdas una oportunidad así.

Pero, mientras puedo ¿quién dijo miedo?

Aquí algunos tips que pueden ayudarnos a salir de la sensación de miedo y ansiedad:

1.- Aquí y ahora.

Mantente en el momento presente. Detén a tu mente de todo pensamiento catastrófico. Respira inhalando en tres segundos, sostén la respiración otros dos y exhala en tres segundos. Reconoce que estás asustado. Nada más. No hay peligro inminente. Sólo estás asustado. Siente la temperatura de tus manos y… cáaalmate.

2.- Cuenta.

Como tu cuerpo no se ha enterado de que ya no vivimos en la época de las cavernas y está mandando como loco la sangre a las piernas y los brazos (huir o atacar), necesitamos un poco más de plasma en el cerebro para tomar mejores decisiones.

Para ello, trata de tener pensamientos complejos sobre temas abstractos. Ejemplo, por muy tonto que parezca, repasa la tabla del 3 cuando te sientas así. Inténtalo, te sorprenderá el trabajo que puede costar y lo valioso del resultado (si lo piensas, es el mismo principio del famoso “cuenta hasta 10”).

3.- Analiza y visualiza.

Ya con la suficiente calma y sangre en el cerebro, ahora sí, piensa en la situación, pero desde un enfoque analítico. Hazte cuatro preguntas ¿Cuál es la situación? En este caso: Me enteré que mi jefe quiere que lleve un proyecto. ¿Podría intentarlo? Sí, en realidad me he preparado mucho. ¿Qué es lo peor que puede pasar? Lo peor sería quedarme como hasta ahora. ¿Qué es lo mejor que puede pasar? Que me gane la confianza de mis superiores, aumente mi ingreso, perfilarme para un ascenso, etc.

Date 30 segundos para visualizar un resultado positivo. Y no te quedes ahí, en tu imaginación ve más allá, visualiza LO MEJOR que puede pasar.Generalmente, las decisiones que cambian vidas son tomadas cuando se apuesta por lo que se puede ganar, no por lo que se puede perder.

4.- Da el paso.

Toca la puerta, levanta el teléfono, entra a la pista de baile, toma el micrófono, aviéntate a la alberca, haz la propuesta, da el abrazo y… ¡VENCE TU MIEDO!

Bibliografía:

  • K. Patterson, J. Grenney, R. Mc Millan, A. Switzler. 2005. Crucial Confrontations. McGraw Hill.
  • Paul Ekman. 2012. Cómo detectar mentiras. Ediciones culturales Paidos.